“¿Por ai’ no?”

En todas las grandes ciudades del mundo se utiliza con frecuencia el transporte público que lleva a los usuarios de un lado a otro con un respectivo pago del servicio. Dentro de los tipos de transporte público de la Ciudad de México se encuentra el comúnmente llamado pesero (anteriormente cobraba un peso, por eso el mote): un automóvil con un cupo para aproximadamente 30 pasajeros sentados y 20 de pie. Cuando, por azares del destino, por estar en hora pico o por un pequeño retraso, el pesero  se llena, los futuros pasajeros se ven en la necesidad de ingresar al vehículo por la salida del mismo y realizar maniobras acrobáticas para mantenerse lo más dentro posible y conservar su integridad física.  

Cuando el pesero se encuentra en este estado de saturación el pago del servicio se complica. Normalmente el pasajero ingresa por la puerta delantera y le da personalmente las monedas o billete de la tarifa correspondiente a la distancia comprendida entre el lugar de ingreso del usuario y el sitio de descenso del mismo. Cuando, por el exceso en el cupo de pasajeros, la entrada convencional, que se encuentra en la parte frontal-lateral derecha del automóvil, se cambia por la salida, que se encuentra en la parte posterior-lateral derecha los pasajeros adquieren la función de vehículos por los cuales las monedas o billetes circularán hasta llegar a las manos del chofer, el cual realizará las operaciones mercantiles pertinentes, y, si es necesario, devolverá el “cambio”, para terminar con el intercambio comercial. 

El complejo proceso consiste en recibir el pago del recién ingresado en la mano (parte extrema de los brazos constituida por cinco dedos móviles y una palma) que sea posible liberar del tubo que atraviesa la parte superior del camión y que sirve de apoyo para los usuarios. Asimismo, se pregunta el destino del pasajero para que se cobre la tarifa correspondiente. Acto seguido, se pide amablemente al compañero de junto (generalmente se usa la expresión “¿por ‘ai no?” o “¿puede pasar uno, por favor?”) que envíe el pago y se espera atentamente el regreso del cambio, en caso de ser necesario.  

Es una operación que requiere de mucha práctica y, sobre todo, de una sólida formación cívica. Es un momento en donde se deja del lado el egoísmo y la individualidad; donde la cooperación, el compañerismo y la humildad son los valores que nos hacen recordar que somos seres sociales y, por tal motivo, debemos apoyarnos, ayudarnos y convivir pacíficamente para llegar felizmente a nuestro destino. Es sólo un instante en donde se olvidan, por completo, las diferencias sociales, económicas, políticas e ideológicas. En un santiamén demostramos que es posible llegar a ser una nación unida y mirar hacia un mismo objetivo.

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~ por Enrique Zamudio en septiembre 14, 2007.

Una respuesta to ““¿Por ai’ no?””

  1. órale! no tenía ni idea de que esto sucedía! que buena descripción! casi te echas una tesis.
    Estoy que apenas me creo que la gente se ponga así de honesta y humilde para realizar tal “intercambio comercial”.

    Excelente descripción!

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