Salir de noche

Salir de nocheHoy desperté felizmente un día más, realicé el ritual matutino despabilador y me dispuse a iniciar con el pie derecho la jornada. Saludé, como siempre, a mi abuelita con un amistoso <<¿qué onda abue?>>. Deseaba desayunar pero un incómodo malestar estomacal me lo impidió. A pesar de esto, todas mis actividades matinales habituales se ejecutarían con normalidad en este día tan especial.  

Partí hacia la editorial rodeado por unos mezquinos recordatorios físicos del movimiento de 1968, pero inmerso en un sentimiento generalizado, cada vez menos intenso evidentemente, que incluye nostalgia, tristeza, dolor, odio… ante la memoria del lamentable y embarazoso episodio de la matanza de Tlatelolco. 

Los medios informativos –la mayoría- se limitaron al simple recuento de los daños y a prevenir a la opinión pública sobre el peligro inminente que representan aquellos que rememoran el movimiento marchando. Es más fácil evadir, alejarse, huir de lo que nos hiere que canalizarlo y sacar provecho de él. Utilizar vías alternas para evitar el embotellamiento. 

¿Miedo? Sí ¿A llegar tarde al trabajo, al retardo en la escuela o al porro asesino come-niños que se encuentra en la marcha? A los tres, tal vez, pero no podemos negar que le tenemos pavor a la verdad. Esa verdad que, cada dos de octubre, presiona en la herida que, después de casi cuatro décadas, aún no ha cicatrizado: somos una sociedad indiferente, pasiva, sumisa, apática y patética.  

Desinteresados ante la posibilidad de un cambio real. Inmóviles frente a los crímenes de los que –se piensa- están arriba. Obedientes a las órdenes de los que –se cree- tienen el poder. Perezosos frente a la oportunidad de transformación. Patéticos porque, cómo es posible que con tanta diversidad cultural, recursos naturales, tanta gente y la inmensa cantidad de lecciones que nos ha dado la historia de nuestro país, no somos capaces de superar nuestros traumas, establecernos metas y hacer lo posible por alcanzarlas. 

Y no nos culpo. Y menos a aquellos que nos tocó crecer con el control del Nintendo como extensión de nuestras extremidades. Viendo Mtv, Dragon Ball Z, Los Caballeros del Zodiaco, Supercampeones, Hee-man, Thundercats, Popeye, Los Pitufos, Remi, Sailor Moon, Candy y Los Power Rangers, El chavo del ocho, Chabelo, El Calabozo y, por supuesto, Otro Rollo. 

Los mismos que escuchamos a Maná, Caifanes, Fobia, Café Tacuba, Enanitos Verdes, Soda Stereo, Heroes del Silencio, Hombres G, Los Fabulosos Cadillacs; Guns and Roses, Metallica, Nirvana, Kiss, Radiohead, Oasis, Stone Temple Pilots, Pearl Jam, Bon Jovi, Aerosmith, Depeche Mode, Red Hot Chili Peppers, U2, Placebo, Bjork, The Cardigans y Coldplay. 

También los que nos creemos intelectuales por leer toda la saga de Harry Potter, el Código da Vinci, Memorias de una geisha y Quiúbole con… de Yordi Rosado. Lamentable es nuestra condición –y no estoy generalizando- porque somos, como dijo Sartori, unos grandes video-niños.  Nos tocó ésta época y ni modo.

Pero eso no justifica absolutamente nuestra inactividad. Aún no se inventa una máquina del tiempo que nos regrese al periodo donde se escuchaba a The Bealtes, The Doors y The Rolling Stones; donde se deseaba un cambio y se buscaban las maneras para hacerlo; donde se actuaba.  

Recordar no sirve de nada si no se hace un análisis crítico para el futuro. Para cambiar es imposible empezar de cero. La transformación no surge por generación espontánea sino a partir de lo que se tiene; de lo que fui, soy y quiero ser. Ya basta de la apatía, la inactividad y la pasividad.  

Pasaron unos minutos después de las dos de la tarde. Me encontraba comiendo y veía las noticias en la televisión. Informaban sobre los hechos ocurridos durante las marchas conmemorativas: la cantidad de gente que asistió, puntos de reunión y los desmanes que hicieron algunos inadaptados –la minoría, por supuesto.  

En este momento intervino mi abuela diciendo en tono despectivo: <<¡Ésos y sus marchas! Sólo van a hacer destrozos, ¿para qué lo hacen si ya pasó?>> <<Para eso mismo. Para que no vuelva a pasar>>, contesté. Enseguida replicó, con la misma tonalidad, poniendo fin a la inconclusa plática: <<El que no quiera que vuelva a pasar, que no salga de noche>>.  

Cierto, la frase original es: “El que no quiera ver visiones que no salga de noche”. Pero la hábil modificación hecha por mi abuela me hizo reflexionar y llegar a la siguiente conclusión: prefiero salir de noche ante las amenazas de la oscuridad, enfrentar los fantasmas creados por mi miedo a lo desconocido y matizar, a mi manera, lo recién conocido que salir de día y aceptar como verdad todo lo que no está coloreado por mi.

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~ por Enrique Zamudio en octubre 2, 2007.

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