Limpia-cristales

LimpiaparabrisasCaucho caliente, metales ardiendo, grandes bólidos compuestos de acero y otros materiales moviéndose rápida y peligrosamente, emisiones de gases contaminantes, sonidos irritantes y ensordecedores, asfalto incandescente: una avenida usualmente transitada en una gran metrópoli.

Víctima de los azotes de la vida, aderezados con injusticias sociales, disfunciones familiares y desequilibrios personales, se encuentra el limpia-cristales. Con un precario outfit que incluye unos húmedos y desgastados pantalones, una playera dotada con un sistema de ventilación y unas sucias pinceladas de lo que alguna vez fueron unos tenis, el limpia-cristales espera, acompañado por una botella plástica -que contiene un líquido azul descolorido y una anónima presencia espumosa-, un trozo mediano de goma y una esponja, la luz roja del semáforo para realizar su cometido.

El escarlata le indica el momento para actuar. Paso a paso se adentra en las filas de automóviles que, impacientemente, esperan el verde para continuar su camino. En su recorrido va a puntando con la botella sobre los autos. Un par de signos de interrogación, en señal de ofrecimiento, se expresan en su andar. Mientras tanto, los blancos contienen en su interior a una -o más- personas que, por lo general, agitan estrepitosamente sus manos y brazos de un lado a otro; fruncen el ceño y toda su expresión facial se torna rígida y poco amistosa; sus ojos se abren, cual globos a punto de reventar, y se trazan en su interior unas delgadas líneas serpenteantes de color rojo que intentan llegar al centro de la córnea; sus labios y boca forman una circunferencia. La reacción del automovilista es, evidentemente, negativa.

Haciendo caso omiso del rechazo, el limpia-cristales dispara, sobre una de las dianas, la sustancia que inmediatamente reacciona sobre la superficie vidriosa originando unas cuantas burbujas. Aparta los limpiaparabrisas artificales para que no estorben. Se abalanza sobre el vehículo y, con ayuda de su esponja, esparce el fluído lustrador en todo el vidrio creando una capa espumosa de color blanco. A continuación y con un toque de maestría, elegancia y rapidez, elimina, haciendo rechinar el parabrisas, toda la efervecencia del jabón líquido; con su goma recorre un pequeño segmento del área, retira la capa pálida y burbujeante, se limpia los residuos en su indumentaria, vuelve a descubrir otro sector y repite el procedimiento hasta liquidar toda presencia nívea que no sea reflejo luminoso del sol. Todo se ejecuta en un tiempo récord de menos de un minuto.

A cambio recibe un par de monedas que el conductor le otorga con una actitud de obligación, impotencia y cierto temor. Agradece con una ligera inclinación de cabeza y un casi imperceptible balbuceo de palabras  porque, a pesar de su precaria y lamentable apariencia, es una persona decente.

¿Realmente, el limpia-cristales, pensará solamente en obtener ese par de monedas? La mirada nostálgica, grisácea, acuosa y perdida en el horizonte; la piel carcomida, resquebrajada y ardiente por los rayos solares y el calor infernal de la megalópolis; y el movimiento, casi automatizado, de sus razos y manos, nos pide mucho más que unos cuantos centavos; más que una limpieza de cristal. Es una invitación para suprimir toda la mugre que vive en nuestros ojos; la que nos impide ver más allá de nuestras narices y el semáforo que rige el ir y venir de nuestra existencia. Una súplica para aceptar y comprender a los que son de distinta condición a nosotros; para dejar de discriminar al extraño y reconocer nuestra cuota de culpabilidad de la desgracia de los de enfrente. Es un intento de limpiar profunda y completamente la visión egoísta y demarcada de una humanidad cada vez más solitaria e infeliz.

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~ por Enrique Zamudio en octubre 15, 2007.

4 comentarios to “Limpia-cristales”

  1. totalmente de acuerdo..
    más que dejar de discriminar al extraño
    y reconocer nuestra culpa,
    creo q es hora que comencemos a trabajar
    y sacrificarnos por el otro

  2. wowwww cada dia me doy cuenta de que esto es lo tuyo…se que llegaras muy muy lejos porque tienes todo para hacerlo..me fascinan tus escritos, van mas alla de la simple información, porque la manera en que los manejas dan `pie a que mi imaginacion vuele de verdad raton…felicidades

  3. Hola, un saludo. Escribo un comentario por el tema siguiente. Estoy haciendo unos libros para la enseñanza del español en Francia, y precisamente, para ilustrar un texto, estaba buscando una foto de un niño limpiando cristales. En las agencias hay pocas y ésta me parece estupenda. Quién es el autor de la foto? Nos daria el derecho a usarla? Y sobre todo, tendria una copia de alta resolucion para que tuviera la calidad suficiente para el editor? Gracias por contestarme si me lee.

  4. Hola Juan:
    Primero que nada, gracias por leerme. La foto la encontré en la red, aqui te mando el link: http://www.jornada.unam.mx/2007/04/29/index.php?section=capital&article=037n1cap La foto, como podrás ver, es de Víctor Camacho y te pediría que te pusieras en contacto con él o con alguien del periódico que te pudiera dar información. Estoy seguro -o al menos eso espero- que acepten tu propuesta. Saludos.

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