Pollenpanizadillas

Era una fría noche de principios de octubre, un joven universitario se encontraba hambriento y buscaba saciar ese deseo de manera inmediata. Su vientre crujía y la desesperación comenzaba a nublar sus pensamientos. Corrió al refrigerador, lo abrió y buscó, con una mirada rápida y zigzageante, los probables ingredientes de su cena.

Extrajo del electrodoméstico una pechuga de pollo empanizada, un frío par de tortillas de harina y un buen trozo de queso oaxaca. Ahora, su motor mental inició revoluciones para producir una idea viable para terminar con el apetito. Contando sólo con su creatividad, los tres ingredientes y, el siempre indispensable, horno de microondas, el individuo se dispuso preparar el platillo.

Tomó un plato extendido de porcelana donde colocó la pieza de pollo empanizada y, con la debida precaución y la asistencia de un arma blanca, haría múltiples incisiones para obtener una profusa cantidad de cuadriláteros del producto avícola revestido de pan. Dichas piezas serían distribuídas, en partes iguales, dentro de cada una de las tortillas y situadas nuevamente en la bandeja. El queso sería cortado en delgadas tiras, parecieran una serie de filamentos blancos que cubriría la tortilla. A continuación, se llegaría a la última etapa de la travesía gastronómica.

En esta fase, el producto obtenido hasta el momento sería objeto de una considerable carga de ondas electromagnéticas que mueven las moléculas del alimento que, por la fricción entre ellas, provocan un calentamiento local, dependiendo del tiempo y la potencia del horno. El queso se derrite y cubre los caldeados fragmentos de pollo. Al calentarse el platillo se despide un olor donde se combina la esencia del pollo, queso y harina que, al llegar a las fosas nasales, suscitan agradables e impacientes agitaciones -similares a los zumbidos del messenger- en el estómago. Al emitirse el aviso de finalización de la operación de calentamiento por el horno de microondas, se retira cuidadosamente el manjar que expedirá unas descoloridas volutas de vapor en dirección al cielo.

Ahora, el individuo en cuestión agrega salsa a cada una de las pollenpanizadillas. Toma una, con los dedos medio y pulgar, por los extremos de la tortilla, la dobla hasta que las yemas de los dedos se unan, se forma una larga “u” con elementos blancos y cafés en su interior, y la dirige a su boca…

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~ por Enrique Zamudio en octubre 20, 2007.

Una respuesta to “Pollenpanizadillas”

  1. jajaja deberias de patentar esas pollenpanizadillas!! o pon tu puesto callejero..serian la sensacion..te pido 2 para llevar con todo y una coca ligth jajaja ya se me antojaron….

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