Chocolatíssimo

Hace unos días un profesor nos cuestionaba sobre en qué creemos que somos especialistas. La pregunta merodeaba por mi cabeza, mientras encontraba posibles respuestas: fútbol (donde mis conocimientos son limitados, comparados con lo que sabe v. g. Heriberto Murrieta), Smashing Pumpkins (tal vez me faltaría verlos en vivo), la línea de autobuses Primera Plus (soy cliente frecuente pero tendría que entrevistar a choferes, directivos…), los tacos que están junto a “Los Chupas” bajo el puente Universidad-Churubusco (quizás visitándolos toda una semana completa podría ampliar mi bagaje cultural); después de recorrer varios temas, llegué a la ingenua conclusión de que sólo me conocía a mi: pobre diablo que lleva veinte años de vida, de los casi cien posibles,  y que, de éstos, recuerda probablemente sólo la mitad, porcentaje microscópico para considerarse especialista.

 Ante la desesperación en que me encontraba por darme cuenta de que no soy especialista en nada, me deprimí y me propuse a encontrar algo, empaparme de ese algo y ser especialista de ese algo. Fue entonces que regresó una de esas memorias que, por mis intentos fallidos por innovar, había olvidado por completo: en mis dos décadas de vida desarrollé un amplio conocimiento de la leche fría con chocolate, sabiendo distinguir marcas de lácteos y de chocolates en polvo, asi como sus fortalezas y debilidades.

Hay muchas marcas de chocolates en polvo, por esta razón sólo enunciaré las más conocidas. Entre ellas se encuentra Cal-C-Tose, producto de la empresa Mead Johnson, que al ver el empaque parece un medicamento -y podría serlo-. El polvo tiene un color café muy descolorido, tanto que parece color rosa, y despide un olor a ácido fólico, cobalamina, ácido ascórbico, hierro, yodo y zinc, nada que “oler” -valga la expresión- con el chocolate. Al introducir la cuchara y llenarla del producto, se puede percibir su gran densidad. Cuando entra a modificar la leche, es notable la incapacidad del producto para disolverse por completo: quedan grumos y sedimentos en el fondo del vaso. El color de la leche es, al igual que el polvo, muy pálido y sabe a todo (cobre, magnesio, potasio, taurina…) menos a chocolate.

Otra marca no tan conocida pero que igual se encuentra en las góndolas de los supermercados es Choco Choco. Esta firma es la más barata y, por tal motivo, genera un poco de desconfianza entre los consumidores; además, la imagen del producto es irónicamente muy cómica y poco llamativa (tiene una caricatura de una jirafa nada amistosa). A pesar de esto, el producto se encuentra -para mi- dentro de los estándares: se disuelve los suficiente, logra un color aceptable y un sabor agradable y escrupuloso. Sin embargo, no puede competir con las grandes marcas como Chocomilk y Nesquik.

¿Cuántos de nosotros crecimos viendo en la televisión los emocionantes comerciales protagonizados por Pancho Pantera donde realizaba un sinfin de actos extremos? El Chocomilk es tan importante en la sociedad mexicana que, incluso, a las malteadas de chocolate se les dice “chocomilk”. Cuando se ve el empaque azul con la imagen de Pancho Pantera, rápidamente llega a la mente la idea de poder y fortaleza, similar a la de Superman. La gama del polvo es de un café fuerte, se pueden observar una gran cantidad de granos cristalinos (azúcar posiblemente) distribuidos por toda la sustancia arenosa; expele un aroma dulzón y penetrante que puede llegar a ser demasiado para la nariz; a diferencia de Cal-C-Tose, el polvo de Chocomilk es tan ralo que con un pequeño suspiro se alborotan todas las partículas chocolatosas, formando una menuda nube de cocoa.

Contrario a la omnipresencia de Pantera, la gran falla del producto en su accionar es la incompetencia para disgregarse eficientemente dentro del lácteo y su elevado precio. En el Modo de preparación, recomiendan utilizar tres cucharadas “copeteadas” en un vaso de 240 mililitros, de las cuales sólo la mitad se disuelve y la otra se desperdicia. En consecuencia, el producto se termina más rápido y su disfrute es mínimo.

El chocolate Nesquik tiene un color café claro y un olor dulce, agradable para el olfato. Opuesto a la competencia, el polvo de Nesquik sí se disuelve por completo, tiñe la leche de un color café moderadamente atractivo, sin extravagancias ni displicencias, y tiene un sabor sobrio, pero exquisito. Sus únicas faltas son su elevado costo y la siempre molesta recomendación en el Modo de preparación que sugiere la utilización de tres cucharadas “copeteadas” en un vaso con 240 mililitos de leche, cuando con tan sólo dos cucharadas “copeteadas”, 16.6 gramos, se puede disfrutar plenamente de un buen chocolate.

Al fin y al cabo, cada quien elige el chocolate de su preferencia, en concordancia con sus necesidades, nutricionales y placenteras, alcances económicos y de adquisición de los productos. Lo que nunca recomiendo es combinar cualquier tipo de chocolate en polvo con la leche deslactosada: ¡sabe peor que el agua con pasta dentífrica!

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~ por Enrique Zamudio en octubre 22, 2007.

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