Secuestro express

Por un momento creí que no habría segunda parte o continuación del relato pasado. Para mi fortuna no fue ‘debut y despedida’ y ratifico la idea de que la suerte está conmigo. Por suerte este capítulo se podría titular ‘suerte’… en un secuestro express.

Eran un par de bolsas plásticas azules que dieron un largo viaje lleno de ilusiones. Pegadas a mi espalda recorrieron decenas de estaciones dentro de un vagón del metro. Conocieron uno de los lugares más bonitos de la Ciudad de México (Ciudad Universitaria) y uno de los más feos dentro de éste: la Facultad de Ciencias Políticas. Fueron protegidas de todas las amenazas del mundo -incluso fueron resguardadas en un chevy azul seguidor del rebaño sagrado-.

A pesar de ser tratadas con tanto cuidado, como si se tratara de la copa mundial de futbol, ocurrió una tragedia que ocasionó uno de los dramas más dramáticos del cual fui el villano: por un lamentable descuido aquel par de -dos- bolsas se quedaron solitarias, indefensas y ante la incertidumbre de su próximo paradero. La gran habilidad del sujeto que intenta escribir estas líneas fue evidente: ¡el pobre jamás se dio cuenta que las había olvidado!

Regresó rápidamente al lugar donde las vio por última vez. Las luces del salón estaban encendidas y mostraban claramente los pupitres negros que hace unos minutos fueron utilizados por universitarios. No había nada más, nada azul, nada plástico, nada bolsoso.

Angustiado vuelve a donde sus amigos, los contagia de su condición pero también -aunque no lo dijeron, pero seguramente lo pensaron- es blanco de burlas por su habilidad. Emprende su camino a casa imaginándose todo lo que la tía le va a decir: palabras más, palabras menos que las recibidas por un árbitro cuando marca un penal inexistente.

Sintiéndose poco menos que la persona más desdichada del mundo, huyó cobardemente del bombardeo de insultos inaudibles; la presión era demasiada, estaba devastado, hecho trizas. Estaba consciente y aceptaba su veto, extradición, condena, ejecución, linchamiento… reconocía su mérito para recibir la peor de las sanciones habidas y por haber. Pero sus plegarias dieron fruto.

Continuará…

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~ por Enrique Zamudio en noviembre 11, 2007.

Una respuesta to “Secuestro express”

  1. ayyyy mi niño!!!!!!!! y yo aqui sin saber nada de su triste historia…..pero como que me dejas a la mitad, no podre esperar hasta mañana y saber en que acabó el bla bla bla de la tía….asi que espero verlo mas tarde…cuidese

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