¿Qué cojones es la historia? Parte 2

Casi olvido postear la segunda parte de aquel supuesto trabajo escolar donde hablaba sobre por qué estudiar historia. Aquí la primera parte. Acá la segunda:

En alguna parte del libro Pereyra menciona que “el conocimiento de las circunstancias a partir de las cuales se gesta una coyuntura histórica es indispensable para captar las peculiaridades de ésta”. El individuo de la huella en el acta de nacimiento, mencionado en el inicio de este texto, fue influenciado por el contexto en el cual se desenvolvió: un conocimiento mamado principalmente desde el televisor, lo cual fue un impedimento a la hora de intentar obtener conocimiento a través de los libros. De tal manera que estas peculiaridades deben conocerse para comprender su obvia dificultad para hacer un reporte de lectura.

 

Por otra parte, Luis Villoro define que el para qué de la historia es el “dar un sentido a la vida del hombre al comprenderla en función de una totalidad”. Esta visión cósmica de la historia nos ayuda a observar que lo que haga o deje de hacer el tele-tipo del párrafo anterior tiene un efecto en la comunidad mundial. Esto remite inmediatamente a la película de Efecto Mariposa donde cualquier detalle, por mínimo que sea, cambia totalmente el curso de la historia. Así todos y cada uno de los que habitamos este planeta tenemos cierto grado de protagonismo en la historia mundial.

 

Por fortuna la vida no es una película y la historia va más allá de un DVD, pero lo que es cierto es que, a veces son igual de trágicas, por tal motivo Luis González dice que “cuando el pasado pesa se procura romper con él, se trata de evitar que sobreviva o que regrese”. Algunos países tiran estatuas, monumentos, muros e incluso queman libros para terminar con la memoria histórica de algún hecho penoso; nuestro amigo, que para fines didácticos llamaremos Sergio –sólo por ponerle un nombre, claro- hace algo similar cuando tiene decepciones amorosas, pues intenta borrar con alcohol las huellas de sus fracasos emocionales.

 

Como esto ya se puso sentimental y es menester levantar el ánimo, José Joaquín Blanco menciona lo siguiente: “hay que hacer historia porque es una espléndida manera de vivir la propia vida”. Con todos sus logros y fracasos, alegrías y desdichas, la historia es un fenómeno –si se permite definirlo así- apasionante desde el momento en que el hombre lo utiliza para conocerse y más si utiliza herramientas literarias como la narración, que hace de la lectura una relación más íntima entre quien escribe y quien lee. Porque la historia no es un amontonamiento de datos, sino una serie de detalles que son descriptibles y que forman parte de un proceso determinado por circunstancias particulares.

 

Hay otro aspecto de la historia muy interesante y que Enrique Florescano define como “la explicación histórica dominante”, dicho en otras palabras, la llamada versión oficial. Esta es una imposición del discurso para modificar el desarrollo de la historia. Una vez Sergio –¿lo recuerdan?- fue catalogado como un incompetente por tener una calificación reprobatoria; paradójicamente, él podía comprobar que su desempeño académico iba más allá que una penta-calificación. Así funcionan las versiones oficiales: en México, por ejemplo, es un secreto a voces que en 1988 hubo fraude electoral, mientras la explicación histórica dominante, en manos de los que detentan el poder (gobierno), argumentan que se cayó el sistema.

 

Cerca del final de esta historia, el mismo Florescano expresa lo siguiente: “En la medida en que –los historiadores- fijan los hechos en un tiempo y lugar precisos, que establecen relaciones entre varios acontecimientos y distinguen causas y resultados, son testimonios de la forma como sus autores percibieron o desearon que se percibiera la temporalidad, la relación y la causalidad de los acontecimientos; es decir, son un registro de las operaciones que realiza el hombre para apreciar el cambio histórico y grabarlo en su memoria”

 

Cuando ese pequeño pulgar dejó huella por primera vez en una hoja quedó plasmado el inicio de una historia que, lejos de escribir con pulgares, intenta utilizar las letras para contar las historias de lo que le rodea. Desde sus orígenes se encuentran las bases de lo que hoy es y las explicaciones de lo que en el futuro será, hasta que sus memorias queden guardadas en un archivero.

 – FIN –

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~ por Enrique Zamudio en abril 10, 2008.

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