Suizo tianguista o ¿Y tú a qué hueles?

Camino entre los pasillos del tiangui -ojo aquí; singular- dominical en la colonia Ajusco y mis fosas nasales perciben la infinidad de aromas procedentes de cualquier lugar. Por un momento me creí Jean-Baptiste Grenouille e intenté descifrar el origen de los olores. La verdad no era difícil. El ajo venía del señor que porta una cinta de ajos alrededor de su torso; me recuerda a los guerrilleros que tienen una cinta con municiones; tal vez el Sr. Ajos -alias A.J. (ei jei)- dispare con ellos… uno nunca sabe. Claro que había otros olores menos peligrosos.

Entonces estaba en otro lugar de compra-venta. ¡Maldito sistema! ¡Muera el Tío Sam! ¡Abajo los gachupínes! Este sitio no era muy diferente al tiangui. Unos lo llaman prais, la comer, gualmar, la soriana… yo lo llamo súper -¡ah! ja, ja. En estos lugares no acostumbro comprar frutas, legumbres y cosas verdes comestibles porque aquí es más probable que estén adulteradas. Además son más caras. Pero lo que sí compro son productos que, aunque pueden estar adulterados, es más probable que aquí sean originales. Entre estos se encuentran los productos de aseo personal.

Vivo con un francés, pero eso no quiere decir que no me bañe. Lo hago. Por lo menos una vez al día. Preocupado por mi higiene personal me planté frente a la estantería donde se muestran los shampoos, jabones, desodorantes, pastas de dientes, cremas, etc… Como soy novato en elección de mercancías, mi método fue el siguiente: convencerme del precio, ver cantidad del producto, marca y aroma. Nunca le había puesto tanta atención al último aspecto.

Luego de sufrir con la cajera regresé a casa pensando en la mezcla de aromas de mis compras. El jabón es una cosa blanca con puntos rosas, como si tuviera varicela o fuera muy pecosa, con aroma a yoghurt y frutas. ¿Un jabón con varicela? ¿Por qué sigo escribiendo? Bueno. El desodorante costó menos de veinte pesos, pero es marca de deportistas -como yo-, la cual se distingue por tres líneas; dice que me protege por dos días y su aroma es Victory League. Mi shampoo es de una marca clásica y barata; es de color lila transparente con fragancia a mora, mango y aguacate. La crema corporal es, como todas, blanca pero está hecha con aguas de los alpes suizos. Por último, la pasta dentífrica tiene monofluorofosfato de sodio como ingrediente activo.

Luego de toda esta mezcla se me vino la imagen de un suizo que fracasó en su intento por ser un deportista profesional. Actualmente vende yoghurts. Como la venta de esto no le alcanza para los gastos, entonces vende moras, aguacates y mangos. Como sus ganancias son insuficientes, se esfuerza por decir las mejores mentadas mientras camina por los pasillos de un tiangui dominical en la colonia Ajusco.

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~ por Enrique Zamudio en abril 21, 2008.

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