Revolución antihormiga

Memoricen bien mi suela, pues ésta será la última cosa que vean en vida. Por más que intenten escapar aquí estaré siguiéndoles, acosándoles. De nada sirve. No se esfuercen. Por cada millar de pasos que den, yo les puedo alcanzar en uno solo. Así que… piénsenlo. Ahórrense las energias pues será su último viaje y les aseguro que es muy, pero muy largo. Me da pena por ustedes porque no regresarán. Lo siento, lo tengo que hacer. No tengo opción. ¿Tienen familia? Ja, como si me importara, al fin y al cabo son demasiados. ¿Acaso importará mucho acabar con un par de sus diminutas vidas? Ja. No lo creo. ¿Qué tanto es tantito? Pero mejor juguemos un poco, ¿no? A nadie le hace daño un poco de diversión. Comencemos. A ver, acérquense, pequeñitas. Préstenme sus cabecitas… una pequeña molestia y… ¡ups! ¡ja! ¡¿Qué pasa miserables?! ¡¿Ya no se quieren?! ¡¿Ya no se reconocen?! Pero si venian juntitas, como hermanitas caminando felizmente por el senderito que otras estúpidas como ustedes hicieron hace tiempo y ahora… ¿qué ha pasado? ¿Por qué pelean? ¿Por qué quieren matarse? Ja, ja, ja. No me digan que se acabó el amor. Es tan triste verlas tocar fondo… Cómo cambia todo en un instante, ¿no? Así es esto, amiguitas, pero esperen… como odio las tragedias familiares y no les daré el gusto de matarse entre ustedes, lo haré yo mismo. ¡A un lado! Ja. Así me gusta: que me tengan miedo. Bien, ahora veamos. ¿Qué tenemos aquí? ¡Ah, qué bonito! Una pequeña hormiguita sin antenas que quería matar a su hermana. ¡Qué pena! No, no, no. Muy mal hecho, hormiguita. Ahora tendrás que pagar por esto, pero ¿sabes qué? ¡Tienes buenas noticias! Ya no tendrás que cargar esas inmensas y pesadas hojas verdes por kilómetros y kilómetros hasta el hormiguero. ¡¿Qué padre, no?! Ya no más trabajos forzados. Basta de jornadas agotadoras e interminables. ¿No te gusta? ¡Pues te aguantas, hormiguita! Ja, ja, ja. La neta no es nada digno burlarse de los que están a punto de morir, pero es que tu carita de sufrimiento está poca madre. Estás pequeñita pero la puedo ver gracias a tu foto del metro La Raza, donde te hicieron un lamentable close-up . ¡Qué oso, chavita! Y eso que eres hormiga… Pero bueno, ¿tienes alguna pregunta? ¿Unas últimas palabras? ¿Te comieron la lengua los ratones? No, ¿verdad? Un ratón no se molestaría en buscarte tu lengüita, ¿cierto?, te comería toda. Ja. ¿Entonces? ¿Nada qué decir? ¡Pues qué mal, porque aunque no me hayas preguntado te voy a decir por qué te mato! ¡Sí y te aguantas! ¿Sabes por qué te mato? ¡Porque estoy harto! Estoy cansado de verte ahí muy trabajadora, ¿no?, cargando tu hojita sobre tu espalda, lomo o como le llamen. Ya me cansé de ver cómo se alborotan cuando oyen pasos en la azotea. ¿Sabes qué es lo peor? ¡Que ya me da nauseas su eterna solidaridad! Siempre trabajando por el bien del hormiguero. ¡Me da envidia! Yo quiero que alguien me ayude a construir mi casa sin tener que pagarles o darles cerveza a cambio; yo quiero a alguien que me ayude a cargar las bolsas del mandado; yo quiero a alguien me defienda cuando pisen mi azotea. ¡Pero no! ¡No hay! Y por eso me desquito con ustedes. Además ayudaré con este asesinato a mi hermano, pues él es alérgico a las hormigas desde que una bola de montoneras lo atacó y casi lo hicieron explotar de tantos piquetes que le propinaron. Y también ya estoy hasta la coronilla de que debo tener el cuidado de no dejar comida, ni mucho menos algo dulce, a la intemperie, porque, ¡ah, cómo…! luego luego ahí van como aves de rapiña a atascarse, ¿verdad? Pero bueno, mi querida hormiguita, para qué le sigo al cuento. Mejor en lo que estábamos. Hagámoslo rápido, ¿te parece? Te quedas quietesita. Yo te piso lentamente. Siento cómo truena tu insignifante esqueleto. Te embarro en el asfalto. Me limpio los residuos de tú y te dejo aquí como advertencia a tu familia. ¡Ah! Se me olvidaba la otra. A ella la voy a quemar, ¿ok? La verdad se que de nada sirve esto. Pero por lo menos, ustedes serán el mensaje para las nuevas generaciones de hormigas de que por más que intenten escapar aquí estaré siguiéndoles, acosándoles. Entonces memoricen bien mi suela, pues ésta será la última cosa que vean en vida.

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~ por Enrique Zamudio en septiembre 30, 2008.

Una respuesta to “Revolución antihormiga”

  1. Jajaja..es lo mas cruel que he leido jajaja,…buenisimoo..de verdad..

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